Independencia, vida universitaria y el eterno retorno
Sólo han pasado dos semanas desde que comencé mi pequeña aventura universitaria, y quizás sea algo pronto para hacer una valoración, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que esto va a estar jodido. El problema es la libertad… demasiada libertad. Es bastante típico ver a los jóvenes reclamando más libertad, quejándose de no poder hacer lo que ellos quieran cuando quieran y, peor aún, pensando que en la vida te lo dan todo hecho. No, amigos, vosotros no queréis libertad, simplemente queréis un estado mental sin responsabilidades donde hacer lo que os plazca.
¿Obligaciones? Benditas obligaciones, aquéllas que sólo consistían en obedecer a ciertas pautas marcadas. Pero las responsabilidades son distintas, son esas vocecitas en tu cabeza que te dicen qué cosas deberías estar haciendo. Sabes que eres libre de hacerlas o no, nadie te va a obligar a hacerlas, nadie te va a castigar por no hacerlas, pero TIENES que hacerlas, pues el cargo de conciencia por desobedecer a tu propia intuición es mayor castigo que vivir una vida sobre raíles. Supuestamente la libertad es la capacidad de poder elegir sin sentirse cohibido por ningún tipo de restricción, pero yo creo que la libertad es saber que estás eligiendo sin ser condicionado. Y, a día de hoy, ¿quién puede asegurar eso? ¿Acaso somos más libres por vivir en la cima de la civilización, en el llamado primer mundo? En sentido físico es posible que sí, pero intelectualmente estamos tan atados como todos los demás. Creemos ser libres para decir lo que queramos, pero sólo queremos decir lo que la sociedad quiere oír, no somos capaces de marcarnos nuestras propias responsabilidades porque no somos los responsables de nuestra forma de vida.
Oh, libertad, capacidad de elegir, variedad de elección… ¡¿Por qué cojones hay tan pocas tan pocas tías en las ingenierías?! Plagio cutre de El señor enviñetado patrocinado por Telefónica.

Por cierto, estupenda tipografía para usar en viñetas cómicas, es de las pocas que incorporan las vocales con tilde y demás signos ortográficos usados en el castellano.