Viaje en el tiempo a través del píxel

Éstas son unas imágenes que ya vi hace algún tiempo, pero son dignas de recordar. Y es que en los foros de Pixelation se propusieron hacer una recopilación de juegos actuales con el aspecto de hace casi veinte años, cuando los cuatro colores de la Game Boy impresionaban a medio mundo, con unos resultados tan numerosos como espectaculares…

Okami en la Game Boy

BioShock en la Game Boy

Aquí tenéis el resto de las imágenes.

El arte en los videojuegos con Passage

Estaba paseándome por los foros de AnaitGames y me he topado con un hilo que hablaba sobre uno de esos curiosos videojuegos gratuitos y sencillos que se cuentan a millares por la red para descargar y echar unas cuantas partidas rápidas. Al entrar al hilo me encuentro con un texto moderadamente largo que trata de explicar, no sin antes avisar que es mejor jugar al juego antes de leer el texto, la experiencia de juego que supone probar el susodicho programa. Pero antes de perder unos escasos minutos de mi valiosísimo tiempo, me dispongo a comprobar si el juego tiene una versión para Mac OS. Bien, la tiene, amén de una versión para Windows XP y otra para Linux.

De modo que me descargo el juego, lo instalo y ejecuto el programa. Después de unos breves instantes en los que el nombre del juego aparece sobreimpreso encima de un fondo negro, se abre ante mis ojos un mundo pixelado a la vez que borroso, ocupando todo el ancho de la pantalla pero únicamente unos pocos píxeles de altura. En un primer momento, y acostumbrado a las incompatibilidades de este tipo, pensé que se trataba de algún fallo gráfico. Pero no, el juego es así, de su original concepción ni siquiera escapa su resolución. Tenía ante mis ojos Passage, una de las mayores y más densas experiencias audiovisuales que he tenido el placer de probar, y posiblemente la más magna dentro del campo de los videojuegos.

Passage no es un videojuego al uso, pero hay que jugarlo para comprender todo lo que entraña. Hay que jugarlo con la mente totalmente vacía de opiniones ajenas, de modo que se pueda hacer un juicio totalmente subjetivo acerca de cuál es el propósito de esta obra. Jason Rohrer nos explica qué es lo que ha tratado de hacer con Passage, pero hemos de ser nosotros los que le demos el significado que cada cual crea conveniente. Y es que es una experiencia que no se puede explicar, del mismo modo que no se puede explicar con certeza y objetividad qué es la vida. Probadlo.